
Te encuentras en un lugar donde se ha cometido un crimen. Buscas pistas, huellas digitales, sangre... lo que sea que te de indicios de quién pudo haber cometido un acto criminal.
Después de varios minutos, que parecen horas, descubres que todas las pistas te llevan a que el delito lo ha cometido un compañero tuyo, una persona en quien confiaste todo. Ahora estás expuesto como un zorro atrapado en una trampa para osos. Sabe todo sobre ti, sabe como piensas y que te duele.
Pero, espera, no es tan grave. ¡Despierta!. Fue sólo un sueño, nadie ha muerto, sólo ha sido la contracultura que ha invadido tu ser. Has sido victima de ese cosa que intentaste difundir y que ahora se vuelve en tu contra. Eres victima de la subjetividad del artista que te da cachetadas con guante blanco y se voltea para burlarse de ti con una sonrisa.
En fin, hemos llegado al punto en que nos comemos a nosotros mismos. Nos convertimos en los criminales de nuestro sueño, perjudicamos a quienes nos dan confianza, nos saboteamos nosotros mismo. En fin, lo dicho, esta sociedad cada vez es más decadente.
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