Te veo todos los días. La indiferencia te envuelve y no nos saludamos. Hoy tengo ganas de verte sonreir, de gritar, e incluso de reclamarme, pero... No soporto que nos ignoremos. Ya no. Dices llamarme con la mirada, pero no te he sentido... Quizá me mientes, y... Ahora que me lo dices, me daré el lujo de creerte, y de estar más atento.
Tu me quieres, quizá ya no igual, me dices que no esperas nada más de mí, y que lo que pasó, se queda en el olvido. Lo niegas, pero sabes que lo disfrutaste, que aun lo saboreas, que aun lo recuerdas y que agradeces a la vida por haber estado ahí, conmigo. Yo lo hago. ¿Por qué negarlo?
Dices que soy más cruel, que soy más indiferente que tú, que odias que te trate diferente por estos medios y que no te hable cuando te veo. No sabes cuanto me preocupas todavía. No me acerco, tienes razón, pero es por miedo a una de tus respuestas frívolas y agresivas, que me ponen mal, y que de antemano sé que... No son tuyas. Que eres de lo más dulce y frágil que he probado.
Yo también agradezco a diario esos momentos, de esas ilusiones que en aquel entonces fuimos creando y que, aún pienso en ellos, y tu quizá igual, pero ambos ya no con el mismo amor que se usó para darles vida o sentido. No te vayas. Ya no. Yo no me iré, ahí estaré. Esta... es una nueva promesa e ilusión. Espero quererte en este otro plano mucho más, y si la vida decide dar más, entonces no razonaré... Quiero un abrazo tuyo, uno que diga, que aún estás para mi.
Existiendo para tí... Siempre.
"Las noches dejaron de ser rutina para convertirse en pequeñas historias ciberneticas..."
15 febrero 2010
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