21 febrero 2010

Un mensaje pequeño.

Eres ridícula, no más que yo, no menos que los demás, pero estás en un rango increíblemente notable.

Vives con la vana ilusión de que puedes arreglar lo que no es perfecto. Por eso te juntaste con un hombre que vive en un sitio equivocado, que le atraes por superficialidad y que, sabiendolo, quieres modificarlo, por propio capricho. Por vanidad. Por no tener lo que mereces, o bien, crees merecer. Tu no amas, tu necesitas. Y ahora que tus antiguos amores están muertos, o bueno, olvidados por una diversión que llevaste por un tiempo, encontraste un nuevo caso de "caridad". Por eso no me quieres, por eso alguna vez saliste conmigo...

Te supero por la edad... Además, tienes que saber que soy un hombre dañado, pero no por tí, bueno, ahora te incluye, pero no te atribuyo todo. No intentes destrozarme más. Siempre he estado destrozado.

Tu dijiste "siempre" y "para siempre". No fui rápido en descubrir que eso significaba que es un recordatorio de larga soledad para mí. Y... aún así, te quiero, como aquella primer vez que me dijiste hola.

Muere ahora por mí, sino, yo mismo me desvaneceré, y te dejaré así, como estás, con una libertad relativa, siempre atada a una rígida rutina de "caridades amorosas" de las cuales, disfrutas, y yo, las como cada noche. Te quiero.

ARLM & MJdL

2 comentarios:

María Fernanda dijo...

ni modo, chica. así las cosas...
buen texto, aldísimo! :)

Anónimo dijo...

Ella no sabe lo que es amar. Punto.
Muy buen texto, transmites tus emociones.
EP